Mantener tus tapetes en óptimas condiciones no solo mejora la estética de tu espacio, sino que prolonga la vida útil del material y garantiza la higiene de tu hogar u oficina.
Cuidados Diarios: Higiene y Prevención
El mantenimiento diario evita que el polvo y la arena se incrusten en las fibras, lo que actúa como una lija que desgasta el tapete.

Eliminación de residuos: * Sacudido: Sujeta el tapete firmemente y golpea suavemente por el respaldo. Esto desprende la suciedad atrapada en la base sin dañar las fibras frontales.
Aspirado: Si prefieres aspirar, hazlo en diferentes direcciones para levantar el pelo y extraer el polvo profundo.
Limpieza de superficies: Es vital limpiar tanto el piso donde descansa el tapete como el respaldo del mismo. La humedad o el polvo atrapado entre ambos pueden generar moho o rayaduras en el suelo. Asegúrate de dejar secar ambas superficies antes de volver a unirlas.
Reposicionamiento: Una vez seco y limpio, colócalo nuevamente. Asegúrate de que no queden dobleces que puedan causar tropiezos o deformaciones permanentes en el material.
Cuidados Semanales: Limpieza Profunda
Una limpieza más minuciosa ayuda a recuperar el color y eliminar manchas que el aspirado diario no alcanza.
Lavado suave:
Utiliza agua solamente de forma preferente.
Si el tapete presenta suciedad difícil, puedes aplicar una pequeña cantidad de jabón líquido neutro o detergente en polvo diluido. Evita químicos abrasivos que puedan decolorar el tejido.
Uso de presión vs. Herramientas: * Prohibido el uso de cuchillos o espátulas: Nunca intentes raspar la suciedad con objetos punzocortantes, ya que podrías rasgar la base o cortar las fibras.
Agua a presión: El método ideal es utilizar una manguera o hidrolavadora a presión moderada. La fuerza del agua es suficiente para remover el lodo o la suciedad incrustada sin maltratar la estructura del tapete.



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